Verano de ensueño por la costa atlántica francesa en autocaravana

Le Mont-Saint-MichelViajar en autocaravana ofrece experiencias casi únicas, imposibles de vivir de otra manera. El autocaravanista lo sabe. Por eso, una vez que lo prueba es incapaz de pensar en otra manera de viajar que no sea en autocaravana. Es el caso de Francisco Astorga, ceutí de 55 años que, desde que viajó por primera vez en autocaravana, descubrió el mundo de los viajes desde otra perspectiva mucho más enriquecedora y apasionante. “Viajar siempre ha sido una de mis grandes aficiones, como el ciclismo, pero desde que descubrí este mundo de las autocaravanas, se ha convertido en mi gran pasión”.

Junto a su mujer, Nieves Berrocal (51 años), y sus amigos José Carlos Ruiz y Carmen Hidalgo (con los que descubrimos los castillos del interior de España en autocaravana), Francisco Astorga decidió lanzarse en el verano del 2011 a hacer su primer viaje fuera de España: 17 días a bordo de una Burstner Aviano I648 para descubrir la maravilla histórica de Normandía. Sin embargo, y como ocurre en la mayoría de ocasiones en los viajes en autocaravana, el destino no sería lo mejor del viaje, sino el propio viaje en sí. “Normandía era nuestro destino final, pero que no pudimos disfrutar como hubiésemos querido por falta de tiempo, pero el viaje por la costa atlántica hasta llegar allí es una maravilla. Todos los lugares por los que pasamos, y muchos otros que nos dejamos atrás, merecen la pena ser visitados”. Y es que llegar desde Ceuta a Normandía y volver en poco más de dos semanas era un recorrido ambicioso, para el que disponían del tiempo justo.

Dispuestos a cruzar el país en el menor tiempo posible, la primera estampa inolvidable de aquel viaje llegaría tras pasar la frontera con Francia. Situada al suroeste del país galo, la playa de Ondres ofrece una vista espectacular que no deja indiferente a nadie. “Apenas pudimos estar un momento, pero ¡qué espectáculo de playa! Hicimos unas cuantas fotos de recuerdo y pensamos ¡qué lugar para pasar un par de días y darse un baño!”.

Y es que el tiempo es oro, y a nuestros protagonistas les esperaba la Gran Duna de Pilat, una enorme formación de arena natural costera acumulada en el litoral aquitano del golfo de Vizcaya. Dada su excepcionalidad, es uno de los principales puntos turísticos del país, considerado Grand Site de France y que presume de tener la cresta más alta de las dunas europeas. “Estuvimos paseando por la Duna como dos horas; es espectacular en dimensiones y ofrece unas vistas magníficas desde lo alto”.

El tiempo corría y el viaje debía seguir su camino hacia el norte. Era hora de poner rumbo hacia La Rochelle, pero como ocurre en autocaravana, a veces el propio viaje nos sorprende. Y es que para disfrutar de un instante inolvidable no es necesario estar en las grandes ciudades. “La casualidad nos llevó a pernoctar en Mortagner-Sur-Gironde”, un pequeño pueblo pesquero de apenas mil habitantes, en cuyo puerto está permitido estacionar autocaravanas. “El amanecer del que disfrutamos fue sencillamente espectacular, y desayunamos rodeados de patos a los que les echamos un poco de pan”. Comenzaba así el cuarto día de viaje, en el que pretendían llegar a la Rochelle, no sin antes pasar por la Isla de Oleron, la mayor isla de la costa atlántica francesa, famosa por el cultivo de ostras y donde visitaron uno de sus puntos fuertes, el famoso faro Chassiron.

El reloj marcaba las 20:00 horas cuando las dos familias autocaravanistas llegaron a La Rochelle, ciudad con un patrimonio natural y arquitectónico excepcional. Era tarde, por lo que decidieron pernoctar en el parking Jean Moulin. “El parking está a las afueras, pero bien comunicado. Nos llamó mucho la atención que, al pagar el parking (10 euros/día), nos dieron una tarjeta con la que pudimos montar en el autobús que nos llevaba al centro de la ciudad, atravesar el puerto de un lado a otro en barco y regresar de nuevo en autobús, sin coste alguno”. Tras aprovechar la mañana descubriendo La Rochelle, Francisco y sus acompañantes decidirían pasar la tarde en ruta con el objetivo de avanzar en su viaje.

Al día siguiente llegarían al camping de L’Allé, en Arradon , donde pasarían un par de días, con el objetivo de visitar no sólo la ciudad de Arradon,  tranquila ciudad situada en el Golfo del Morbihan y muy cerca la ciudad de Vannes, sino también la Ile aux Moines, a la que llegarían al día siguiente: “Alrededor de tres horas estuvimos paseando por la isla, disfrutando de los encantadores paisajes de sus bahías y del entorno en general”. Quedaba mucho día por delante, y mucho que visitar: los megalitos de Carnac,  Quiberon y la punta de Saint Mathieu, cabo de importancia histórica que alberga una abadía benedictina en ruinas, el faro de Saint-Mathieu, un monumento nacional a los caídos en el mar y varios búnkeres alemanes de la Segunda Guerra Mundial. “¡Vaya lugar bonito! Pequeño, pero precioso. Disfrutamos de una puesta de Sol que difícilmente olvidaremos.”

Y es que pocas alternativas existen que permitan disfrutar de una total libertad en nuestros viajes sin renunciar al confort que una autocaravana ofrece. “Viajamos en autocaravana por la amplitud y comodidad de no estar encorsetados como en otros medios de transporte tipo turismo o bus, por la despreocupación a la hora de hacer el equipaje, por poder disfrutar de una buena comida o un café cuando y donde queramos, por parar en los pequeños pueblos y municipios interesantes y bellos… Quizás lo que menos me guste de este mundo es entrar en una población interesante para visitar y no poder parar al no encontrar aparcamiento”.

Amanecía el octavo día del viaje y Francisco Astorga y compañía llegaban a Dinan, “un pequeño pueblo fortificado del que quedamos prendados porque es de una belleza espectacular”. Tras aparcar la autocaravana en un parking situado en pleno centro de la ciudad, las familias disfrutaron de la Basílica de Saint-Sauveur, el Jardín Inglés y sus murallas (desde el que se puede divisar la parte baja de la ciudad) y de un circuito por el río Rance a bordo del Jaman IV. Por la tarde sería el turno de Saint Malo, conocida como la ciudad corsaria y famosa por las murallas que rodean completamente su centro histórico.

Pronto llegaría uno de los momentos cúlmenes del viaje, el Mont Saint-Michel. “Conforme nos acercábamos, nos llenábamos de gozo debido a nuestra afición por el ciclismo, pues el Mont Saint-Michel es una de las pruebas del Tour. Siempre quisimos visitarlo”. Decidieron pasar el día en el Camping Saint Michel, para visitar el monte tanto de día como de noche.

Al día siguiente, visitarían la iglesia Nôtre Dame des Champs de Avranches, y posteriormente la pequeña población de Sainte Mére Église, donde se desarrollaron algunos enfrentamientos durante el Desembarco de Normandía entre alemanes y tropas paracaidistas norteamericanas. Seguirían descubriendo la historia del desembarco de Normandía en uno de sus principales puntos, Omaha Beach. “El Museo alberga una importante colección de objetos personales, vehículos, uniformes y armas, escenografías, fotos de archivo, cartas, paneles temáticos y una película acompañada de testimonios de veteranos americanos que explican el Desembarco en Omaha y en la Punta de Hoc”.

Acompañado de su mujer y sus amigos, Francisco Astorga también visitó el cementerio estadounidense que allí se encuentra, memorial de la Segunda Guerra Mundial que honra a los soldados estadounidenses muertos en Europa durante la contienda. Siguiendo la historia, aprovecharon para visitar la Punta de Hoc. Llegarían hasta Arromanches, donde pernoctarían.

Al día siguiente, tras visitar Arromanches y atravesar el puente de Normandía (de más de dos kilómetros de longitud), las dos parejas ceutíes llegarían a Étretat, ciudad famosa por sus increíbles acantilados y playas. Sin embargo, nuestros protagonistas no llegarían a disfrutar del lugar. “Tanto las áreas como los aparcamientos estaban llenos. No encontramos un lugar donde dejar las autocaravanas y desistimos finalmente visitar la ciudad”.Era el final del recorrido. Sin duda, el momento más amargo de esta aventura. Sin embargo, no era el final del viaje, pues aún quedaba todo un camino de vuelta a casa. Era el duodécimo día de este viaje, jornada en la que visitarían el impotente Castillo de Chenonceau, residencia de la realeza desde que fuera construido en el siglo XIV. “El camino por el interior de Francia hasta llegar a Chenonceau fue espectacular, procuramos no coger autovías, las carreteras fueron buenas y los pueblos que veíamos por el camino muy bonitos”

Conocido como el “castillos de las Damas”, alberga en su interior una importante colección pictórica de artistas de la talla de Murillo o Rubens. Y en el exterior, diferentes jardines albergan más de 40.000 especies de plantas y varias hectáreas de árboles, que hacen del paraje el lugar idóneo para pasear y sumirse en la más completa tranquilidad. “El castillo es precioso por fuera y por dentro, pero en el mes de agosto hay overbooking en su interior”.

La siguiente parada, a la que llegarían al día siguiente, fue Oradour-sur-Glane, localidad conocida por la matanza que allí tuvo lugar en 1944, en la que murieron 642 personas ametralladas y quemadas en la iglesia, pasando a la historia como ejemplo de brutalidad asesina. La guarida de Padirac y Rocamadour y el área de servicio dedicada al Tour de Francia en Col de Pourtalet serían las últimas visitas antes de cruzar la frontera con España. Aún quedaban tres días para visitar a amigos y familia de vuelta a casa, en Sabiñanigo y Huesca (Aragón), sin duda el mejor final para un viaje relativamente largo que se hizo muy corto.

Fotografías:
*Francisco Astorga
*www.chenonceau.com

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